| LA RESPONSABILIDAD DE VOTAR AL PP |
| Escrito por José Gil Llorca,
on 28-01-2010 23:02
|
Visitas : 105 |
Favoritos : Ninguno |
Publicado el : Opiniones, Películas |

Si usted es católico y votó a al PP, tanto en las elecciones generales como en las últimas elecciones europeas, sería bueno que pensara lo siguiente:
1. Está dando su apoyo a un partido que no sólo no defiende la vida, sino que apoya el aborto defendiendo la actual ley. Y cuando ha estado en el poder a permitido que el número de abortos ascendiera de forma exponencial. Ha sido el PP quien ha permitido, haciendo la vista gorda por conveniencia política, que en España haya habido un constante fraude de ley por el que se ha asesinado a cientos de miles de niños inocentes.
2. Apoyando al PP está usted apoyando a un partido que está distribuyendo y financiando con dinero público la píldora del día después a menores de 13 años y sin consentimiento ni información a los padres, repartiendo gratuitamente y con el dinero de todos, cientos de miles de preservativos, y transmitiendo una visión banalizada, superficial, deformada, reductiva y frívola de la sexualidad.
3. Apoyando al PP está usted apoyando a un partido que tiene, entre sus más destacados cargos, políticos que aplauden y promueven el mal llamado "matrimonio homosexual" y subvencionan con dinero público a entidades y grupos radicales gay.
4. Apoyando al PP está usted apoyando a un partido que no es verdaderamente democrático porque impone la disciplina de voto, listas cerradas, designación a dedo de los candidatos y excluye y margina (María San Gil, Monserrat Nebrera en Cataluña y otros) a quienes son críticos con las posturas oficiales.
5. Apoyando al PP está usted apoyando a políticos que defienden (la ex-ministra de Sanidad Ana Pastor fue la que dio inicio a ello) la manipulación y el uso de embriones humanos para la investigación, esto es, la destrucción de seres humanos en estado embrionario con fines eugenésicos.
6. Apoyando al PP está usted apoyando a un partido que tiene, entre sus más altos representantes, políticos que han apoyado una reprobación parlamentaria al Papa Benedicto XVI por unas manipuladas declaraciones sobre el uso del preservativo. Un partido que no ha hecho nada y ha permitido constantes burlas y ofensas al catolicismo y a los sentimientos de los católicos en los medios de comunicación.
7. Apoyando al PP está usted apoyando a un partido que durante los años que ha estado en el Gobierno no ha dado ayuda a las madres y apoyo a las familias, ni ha procurado dar un giro social de control al capitalismo sino que ha propiciado la especulación financiera y los grandes oligopolios. Un partido que tiene entre sus cargos políticos numerosos casos de corrupción.
8. Apoyando usted al PP está apoyando a un partido que apelando al "mal menor" tiene secuestrado el voto de la inmensa mayoría de los católicos que querrían alguien que defendiera los principios innegociables de los que habla Benedicto XVI, pero que cuando tiene el poder se burla y no hace caso alguno de los votantes católicos.
9. Apoyando al PP, sepa que usted es responsable de todos los crímenes de los niños abortados, de todos los jóvenes que son inducidos a vivir frívolamente la sexualidad, de todos los embriones humanos que son usados como material de laboratorio, de la falta de una verdadera democracia, de la avaricia y especulación financiera, de la falta de solidaridad con los países pobres, de la corrupción de los políticos, de los ataques a la Iglesia al Papa y a los sentimientos de los católicos, del desamparo de las madres y de la familia, de la promoción de la subcultura gay y de la "cultura de la muerte".
Sepa usted, que dando su voto al PP está siendo un católico incoherente y, humanamente un ingenuo, o por decirlo más claramente, un "tonto útil". Nada sorprendente porque ya lo advirtió Jesús: "los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz".
10. Si usted piensa que votar a otros partidos que defienden los principios innegociables (defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural; matrimonio fundado sobre la unión de un hombre y una mujer; derecho de los padres a la educación de sus hijos; solidaridad y búsqueda del bien común) sería desperdiciar el voto sepa que usted se equivoca.
Y se equivoca porque dar el voto a estos partidos, aunque sean minoritarios, sería votar lo mejor dentro de las posibilidades que hay. Y disponiendo de esas posibilidades de votar a partidos que defienden los principios innegociables, no votarlos pensando en que es desperdiciar el voto es una inmoralidad.
Precisamente porque millones de católicos no votan con coherencia a los partidos que defienden los principios innegociables es por lo que estos partidos son minoritarios. La razón, de que sean minoritarios es la incoherencia de los católicos, y la falta de una clara orientación por parte de la jerarquía católica en España que no ha informado nunca sobre la existencia de estos partidos políticos.
¡Obispos, tendréis que dar cuentas a Dios de vuestro silencio! Revisado el: 28-01-2010 23:02
|
|
|
|
|
|
| Golpeados en Oriente, clandestinos en Occidente |
| Escrito por José Gil Llorca,
on 28-01-2010 18:34
|
Visitas : 46 |
Favoritos : Ninguno |
Publicado el : Opiniones, Películas |
Hispanidad, jueves, 28 de enero de 2010
En el Tercer Mundo son ataques directos: asesinatos, violaciones, quemas de conventos. Como la España de la II República, por ejemplo, mientras los líderes europeos cierran el pico, contento uno por la colleja al cura, indiferentes otros. En el área OCDE, el mundo rico, casi coincidente con el Occidente cristiano, la persecución adopta formas más civilizadas, es decir, menos feroces pero más peligrosas. Se trata de asfixiar a la Iglesia y marinarla, sacarla del foro público y reducirla a la conciencia personal de la gente. Se trata, sobre todo, de condenarla al silencio.
Ahora bien, la cristofobia en Occidente no termina ahí: una vez que el laicismo, por ejemplo de nuestro querido Zapatero, decreta que la religión debe circunscribirse al ámbito de la conciencia, se da un paso más: se trata de anular la conciencia mediante una labor legal, consistente en eliminar el derecho a la objeción de conciencia -caso de los farmacéuticos y la Píldora del Día Después (PDD). A esa labor legal se une el borreguismo social de lo políticamente correcto, donde se impone la norma de que un católico es un bicho tan raro que no puede realizar determinados oficios o tareas modernas y progres. Verbigracia: el juez Ferrín, cuando el inefable presidente de la jurisprudencia murciana, Martínez Moya, le espetó que "un católico no puede ser juez de familia". A lo mejor tenía razón porque, en efecto, el actual derecho de familia es un derecho contra la familia, pero no cabe mayor discriminación que ésta: si eres católico tienes vedados un montón de cargos, tienes vedada tu capacidad de influencia y, en especial, tienes vedada tu libertad de expresión.
No exagero nada: si te atreves a criticar la homosexualidad (ojo, aunque lo hagas con todo el respeto a los homosexuales) eres un homófobo y por tanto, debes ser condenado en los tribunales. Si te opones al condón, estás provocando muertes por sida, ergo debes ser lapidado. Y en resumen: si crees en algo estás atentado contra la tolerancia y faltando al respeto a los agnósticos o simplemente a los que no han llegado a conclusión alguna, luego debes ser castigado. En definitiva: puedes ser cristiano mientras lo mantengas en secreto, mientras seas un cristiano clandestino.
De esta forma tan ricamente, puedes convertir una democracia en una dictadura de hecho. No es de extrañar que los obispos europeos hablen de persecución. La persecución abierta de Oriente es más clara por señalable; la de Occidente es más puñetera, por más hipócrita.
Eulogio López
Revisado el: 28-01-2010 18:34
|
|
|
|
|
|
|
Escrito por José Gil Llorca
|
|
Miércoles 06 de Enero de 2010 21:44 |

Último libro de José Gil Llorca
En las páginas de este libro, el autor nos introduce de un modo ameno y ágil en el apasionante mundo de la filosofía logrando despertar la inquietud, el gusto y la afición por la misma. Con habilidad y rigor nos muestra que la Filosofía no es algo tan difícil y aburrido como algunos piensan sino que, por el contrario, puede resultar verdaderamente apasionante y divertida. Para el autor la filosofía tiene mucho que ver con lo fantástico. De ahí el título del libro. El autor está plenamente de acuerdo con Chesterton, cuando al exponer en su magnífica obra "Ortodoxia" cuál es su filosofía, habla de la filosofía de la cordura, de la filosofía del sentido común. Para Chesterton el hombre común siempre ha tenido un pie en la tierra y otro en el país de las hadas. El hombre común, continúa diciendo Chesterton, «siempre ha conservado la libertad de dudar de sus dioses; pero (contrariamente a los agnósticos de hoy) también ha conservado su libertad de creer en ellos. Siempre se ha preocupado más de la verdad que de la consistencia. Si vio dos verdades que se contradecían mutuamente, tomó las verdades y la contradicción junto con ellas. Su vista espiritual es estereoscópica, como su vista física. Al mismo tiempo ve dos cosas diferentes, y no obstante, o por lo mismo, las ve mejor».
Editorial: Elaleph.com
ISBN: 978-987-1581-08-5
Pedidos a:
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
o también a
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Precio: 10 Euros |
|
LOS OBISPOS Y SU RESPONSABILIDAD |
|
|
|
|
Escrito por José Gil Llorca
|
|
Lunes 21 de Diciembre de 2009 12:34 |
Por Alejandro Vidal
Es triste comprobar que nuestros obispos han sido y aún hoy siguen siendo perros mudos. En ellos se cumplen estas palabras de un santo y gran Papa:
«El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia, acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan». (San Gregorio Magno, Regla Pastoral, 2, 4).
Acomplejados y no muy fuerte. No muy fuerte y mirando de reojo para ver hasta dónde había alguna reacción. la Vida. No, no velan por las ovejas que mueren a un lado y a otro por las dentelladas de la jauría de lobos rapaces que causan estrago. Es cierto que son algo mejores que aquellos a los que sólo les importaba el cargo y los honores, el boato y la pompa, el poder y la gloria. Gran parte de ellos, además de esto, procuran, si es posible, es decir, si es compatible con seguir en sus poltronas episcopales, y con la mitra calada, dar algún que otro aviso u orientación. Pero sin pasarse. Sin exagerar. Más que nada para que no se diga por parte de los fieles que no lo hacen. Es decir, por cumplir. Pero si hay riesgo, si se atisba algún peligro en el horizonte o este es demasiado grande —para ellos, claro—, entonces mucho mejor cerrar la boca y no molestar a nadie. Se mira para otro lado y se dice lo de “to er mundo eh güeno”. Y claro, con ese modo de proceder ahí están las consecuencias.
Han cultivado una caridad sin verdad y, como nos ha recordado Benedicto XVI, la verdadera caridad, sin verdad, no es posible. Esa pseudo-caridad de muchos de nuestros pastores les ha llevado a ser ¡tan caritativos! que, por exceso, han dejado de serlo. Han confundido el pecado con el pecador y en su afán de “a caridad a mí no me gana nadie”, han querido ser “caritativos hasta con los lobos” que atacaban el rebaño. —“Pasen, pasen, señores lobos, no tengan miedo y sírvanse ustedes mismos. ¿Cómo no vamos a ser amigos?” —parecen haber dicho.
Y ahora están entre la espada y la pared o, dicho con más realismo, “con el culo al aire”. Por una parte sus amigos, los lobos, les reprochan el que les dirijan ahora algún que otro y tímido ladrido. Más aún, les amenazan y les dan lecciones teológicas de qué es y cómo se ha de ejercer el episcopado y cuáles son los asuntos de los que se tienen que preocupar y aquellos en los que no deben entrometerse. Y ellos ahí, achantados, asustados, acomplejados… acojonados, con más miedo que hambre. De otro lado, los fieles se ven confundidos, desorientados, perplejos, agotados… hartos. Muchos de ellos indignados… y con razón. ¡A buenas horas, mangas verdes! Hace años, ¡años!, que os estábamos pidiendo firmeza, coraje, valentía, una palabra clarificadora, llamar a las cosas por su nombre y nada. Silencio. Un silencio traidor y canalla que permitía que tantos y tantos fueran cayendo en el camino. Pero eso, a vosotros poco os importaba. No, no se puede servir a dos señores. No se puede servir a Dios y al diablo. No se puede servir al Evangelio y al mundo. No se puede agradar a los lobos y a los ovejas. Os habéis equivocado. No, no se puede vestir la púrpura cardenalicia y abrazar al presumido santón laico y socialistoide que públicamente arremete contra la fe y la moral católica y apoya la muerte de los inocentes. No se puede ser un Ilustrísimo Señor Cardenal mientras se condena con una mano el aborto y con la otra se da la Sagrada Comunión a quien financia abortos y la píldora del día después con dinero público, subvenciona las cabalgatas del orgullo gay y realiza matrimonios homosexuales. Eso no es posible. O mejor dicho, eso no es moralmente aceptable porque, por desgracia, es lo que están haciendo.
Me quieren decir ¿cómo diantres va el pueblo sencillo a entender eso? ¿Cómo queréis que ahora, aquellos a los que vosotros mismos habéis confundido y desorientado sepan qué hacer y a dónde acudir? ¿Cómo pretendéis que ahora, el pueblo fiel os reconozca como guardianes de la fe y la moral, a vosotros, que os habéis excusado continuamente con el parapeto de la “prudencia humana” que no es en el fondo más que el interés terreno y la falta de confianza en Dios, para cerrar la boca y no decir nada permaneciendo mudos ante el cruel y despiadado ataque de los lobos?
Pero si sois vosotros, ¡vosotros!, los que habéis creado esta situación, los que habéis invitado a entrar a los lobos y campar a sus anchas. Sois vosotros, ¡sinvergüenzas! los que habéis alentado la desafección de tantos, la desobediencia del clero, la incoherencia de muchos, el desaliento y hastío de los buenos. Sois vosotros, ¡cobardes!, los que habéis contribuido a la dispersión, a la muerte por inanición, de aquellos a los que se os había encomendado. Sois vosotros, ¡rufianes!, quienes habéis puesto en las cátedras de teología a los herejes, los que habéis consentido la politización de la iglesia con el nacionalismo, los que habéis vapuleado la liturgia, y hecho más con vuestro silencio en contra de la familia, por no decir que, algunos de vosotros, habéis incluso aplaudido y azuzado a los lobos contra algunas ovejas que advertían del peligro.
¿Y ahora venís con medias tintas? ¿Ahora venís con complejos, con ladridos de caniche castrado? Lo primero que tendríais que hacer es entonar un rotundo, grande y estruendoso “mea culpa” y pedir perdón, alto y claro, por tanta traición, por tanto silencio, por tanta incoherencia, por tanto miedo, por tanta bajeza. No pretendáis ganaros la confianza de los fieles haciendo como si vosotros hubierais sido siempre fieles y os hubierais comportado como debíais porque no es así. Ni siquiera ahora es así. De modo que no se puede esperar coherencia de los fieles mientras entre vosotros mantengáis la incoherencia. Tenéis que reconocer que lo habéis hecho mal, muy mal, horriblemente mal, fatal. Tenéis que reconocer que no habéis sido fieles; que os las habéis tragado como puños; que sois los primeros y grandes responsables, por acción u omisión, de lo que hoy sucede. Y después, sólo después de reconocer vuestros errores y responsabilidad, entonces sí, una vez que hayáis reconocido todo eso, entonces ¡sed valientes! ¡Ladrad! Pero ladrad fuerte, ¡cojones! Más aún: ¡rugid con la fuerza de cien mil leones, por Dios Santo y Bendito! Y jugaros la vida en defensa de aquellos que se os han confiado. No metafóricamente sino de verdad. Y si no tenéis valor para ello, entonces renunciad porque no sois dignos de seguir en el puesto que ocupáis y cada segundo que permanecéis en él estáis haciendo un gran daño a la Iglesia.
La situación ya es insostenible. Esto ya ha alcanzado su límite. Esto ya no da más de sí. No caben más componendas. No caben más estúpidos argumentos del “mal menor”. No cabe más el tener una vela encendida a Dios y otra a diablo. Basta ya de la prudencia que no es más que cobardía disfrazada y falta de confianza en Dios. Basta ya de equilibrios inestables, de querer jugar con dos barajas. ¡Basta ya de tibieza! De esa tibieza que da asco y provoca en Dios el ser escupidos, vomitados de su boca. Solo si los fieles ven a sus pastores dejarse la vida gritando la verdad; sólo si los ven morir extenuados peleando contra los lobos, sólo entonces es posible que recuperéis el crédito que tan alegremente habéis perdido. Y entonces, posiblemente entonces, aún podamos estar a tiempo.
Alejandro Vidal |
|
Última actualización el Martes 05 de Enero de 2010 20:16 |
|
|