| Escrito por José Gil Llorca,
on 05-12-2009 21:03
|
Visitas : 5450 |
Favoritos : 13 |
Publicado el : General, Personal |
EL PODEROSO 'LOBBY' ROSA NO ADMITE DISCREPANCIAS
¡A callar!
03/12/2009 | Jose Mª Ballester Esquivias
Religiosos acosados por emitir opiniones.Políticos a los que les arruinan su carrera por lo mismo. Jueces a los que se sanciona por velar por el interés de los menores. Psiquiatras tratados como parias por exponer sus tesis. Son las primeras -que no últimas- víctimas de la mafia gay.
Curiosa escena la que se vio hace pocos días en Gran Bretaña con motivo de la ‘semana contra la intimidación’, promovida por Stonewall, el principal grupo de presión gay del país y uno de los más poderosos de Europa. Nicholas Clegg, líder de los Demócratas Liberales, animaba en un vídeo difundido por Stonewall y alojado por YouTube a apoyar las campañas de este colectivo contra las “discriminaciones” que padecían los homosexuales en Gran Bretaña.
Que un político utilice los medios de un ‘lobby’ en vez de los de su propio partido para lanzar un mensaje dice mucho del estado de opinión que los colectivos homosexuales han logrado crear en el Occidente democrático. Y Gran Bretaña es un terreno predilecto para sus actuaciones. Que se lo digan si no a Peter Foster, obispo anglicano de Chester, uno de los primeros en sufrir en sus propias carnes las garras de la intimidación homosexualista.
Calvario judicial
En 2003, tuvo la osadía de declarar que a “algunas personas, que son homosexuales, podrían cambiar de orientación. Les animaría a que lo consideraran como una opción, porque no me considero a mí mismo un especialista en el tema, que entra en el área de las salud psiquiátrica”. La Policía le investigó y acabó cerrando el caso pero ya estaban ‘fijadas’ las reglas de lo que iba a ser la libertad de expresión en lo relativo a la homosexualidad en los albores del tercer milenio.
Así las cosas, no es de extrañar que la Ley de Igualdad, que está siendo tramitada por la Cámara de los Comunes, contenga disposiciones que restringirían notablemente la libertad de las iglesias para llevar a cabo su actividad pastoral. Por ejemplo, estarán obligadas a contratar a un homosexual confeso para funciones relacionadas con la juventud. Y tendrán obligación legal de promover los ‘derechos’ de homosexuales y transexuales.
Cruzando el Canal de la Mancha y desembarcando en Francia, todavía colea el caso del diputado conservador Christian Vanneste que, en 2004, afirmó que la “homosexualidad es inferior a la heterosexualidad”. Las asociaciones homosexuales se le echaron encima con toda su saña y sufrió un duro destierro político y un calvario judicial con dos condenas. Acabó ganando en el Tribunal Supremo, pero de los 50.000 euros que tuvo que pagar en multas sólo le han devuelto 12.000.
Revisado el: 05-12-2009 21:08
|
|
|
|
|
|
| Escrito por José Gil Llorca,
on 21-11-2009 18:37
|
Visitas : 5714 |
Favoritos : 17 |
Publicado el : Blog, Actualidad |
Por José Joaquín Iriarte. http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=5520
Dentro de unos días, el 28, comenzará en el Congreso de los Diputados el debate parlamentario sobre el proyecto de ley del aborto elaborado por el Gobierno, un debate que se prevé largo y enconado por la materia que se va a discutir y porque el PP -esperemos- se va a emplear a fondo. El principal partido de la oposición va a presentar una serie de medidas destinadas al amparo y tutela de las mujeres embarazadas que sientan la tentación de abortar. La reacción del PSOE será un interesante test para conocer el alcance de sus intenciones. De cualquier manera, todo apunta a que, salvo sorpresas, la ley saldrá adelante, aunque represente un paso atrás en la historia del parlamentarismo español. En mi opinión, legislar a rebufo de otros países es caer en una especie de gregarismo y de falta de audacia. Pero creer que eso se resuelve con la ley del aborto más radical de Europa es otra forma de depender de los demás y mostrar que uno es incapaz de ser creativo en lo que verdad merece la pena. Lo más que logrará esta nueva ley es que sigan viniendo aquí -en vergonzoso peregrinaje- mujeres en avanzado estado de gestación en cuyos países la ley es menos laxa.
El texto del decreto será sometido a la firma del Rey. Don Juan Carlos tomará su pluma estilográfica y estampará su firma y su rúbrica (una caligrafía de pendolista que emplea desde niño). Tal vez sienta, pensando en los millones de españoles que defienden la vida desde la concepción hasta la muerte natural, un cierto desasosiego o la voz de la conciencia. Sabe de sobra que es una ley injusta, acientífica, innecesaria y sin respaldo popular.. Pero acto seguido pensará que es el peaje que ha de pagar por ceñir la corona, poniéndose al lado del poder. Después de todo, ya hizo lo mismo con la ley hoy vigente, promulgada por el Gobierno de Felipe González. El argumento de que Aznar no la derogó sirve para ponérselo en el debe al líder conservador y para entonar un «mea culpa» sincero por no habérselo exigido.
Supongo que cualquier invocación al Derecho Natural y a los argumentos de la Declaración de Madrid, en la que mil intelectuales aportaban razones científicas, no ideológicas en defensa de la vida, no le producirá al Rey ningún impacto especial porque tiene a su lado una mujer consciente de que la vida y la muerte no deben estar en nuestras manos.
Comprendo que el hecho de que Don Juan Carlos no sancionara la ley sería un «escándalo», pero uno de esos «escándalos» de los que anda necesitada nuestra sociedad y nuestro tiempo. Cuando se plantea esta hipótesis, la clase política proabortista echa los pies por alto. Aduce que la Constitución está para cumplirla y el primero que debe hacerlo es el jefe del Estado. Pero, ¿es posible que a un Rey y al último de los ciudadanos se le obligue a actuar en contra de su conciencia, que es la última instancia de los actos humanos? ¿Tendrá alguna otra vez una ocasión como ésta de ser fiel a aquel compromiso expresado con énfasis al comienzo de su reinado de ser «el Rey de todos los españoles», incluidos los aún no nacidos?
Balduino de Bélgica, con la ayuda de sus asesores, encontró la fórmula. Y pasará a la historia no por la descolonización del Congo belga o por haber ostentado la jefatura del Estado con habilidad, prudencia y entrega, sino por su gesto coherente de no firmar una ley que era un atentado a sus principios.
Recientemente se ha especulado sobre las filigranas jurídicas que, dentro de la legalidad, permitirían atender las demandas de los corsarios del Indico. ¿Acaso no es éste también un problema de vida o muerte, pero multiplicado por millones? ¿Valen menos las vidas de los fetos?
(...)
Sea como fuere, ninguna actuación del Rey sería tan equivocada como la firma de una ley que es una réplica,,mutatis mutandi, del holocausto judío.
Si no oyó el clamor de los manifestantes por las calles de Madrid el pasado 17 de octubre, escuche el de una población mucho más numerosa que le pide piedad para los niños que quieren nacer. Y recuerde que «el mal legalizado sigue siendo mal».
Un día no lejano, el 23-F del 81, salvó nuestra democracia recién nacida. De alguna manera hizo un quiebro a la Constitución porque la ley fundamental no contempla supuestos lorquianos (un guardia civil que irrumpe, pistola en mano, en el Parlamento). Ahora le pedimos algo más humano, más grande, más sublime que la democracia: ¡salve nuestra dignidad!
Revisado el: 11-12-2009 21:53
|
|
|
|
|
|
| Escrito por José Gil Llorca,
on 06-11-2009 20:34
|
Visitas : 5659 |
Favoritos : 18 |
Publicado el : Blog, Actualidad |
La portavoz de Derecho a Vivir, Gádor Joya, señaló que el aumento de abortos en 2008 significa un fracaso para el Gobierno, y advirtió que el número de estas prácticas podrían llegar a las 200 mil anuales de aprobarse la nueva ley.

"Vemos que, a pesar de que la píldora del día después - fomentada por el Gobierno - está desde 2008 al alcance de cualquiera, el número de abortos practicados en centros privados y públicos no deja de aumentar", señaló Joya, en referencia a los más de 115 mil abortos practicados el año pasado, lo que ha supuesto un incremento de 3,2 por ciento con respecto a 2007.
"Si el aborto es un drama, como reconocen hasta los promotores de la reforma de la ley del aborto, 115.812 vidas humanas perdidas es una auténtica tragedia para una sociedad", expresó.
La portavoz de Derecho a Vivir criticó al Gobierno socialista porque "fracasa en sus campañas de prevención de embarazos imprevistos, fracasa en su política de información a la mujer sobre las consecuencias del aborto, fracasa en apoyar a la mujer embarazada". Revisado el: 11-12-2009 21:54
|
|
|
|
|
|
| Amenabar fomenta el odio a los cristianos con "Agora" |
| Escrito por José Gil Llorca,
on 06-10-2009 20:50
|
Visitas : 11692 |
Favoritos : 24 |
Publicado el : Blog, Actualidad |

EL OBSERVATORIO ANTIDIFAMACIÓN
RELIGIOSA DIRIGE UNA CARTA ABIERTA A AMENABAR
Distinguido Sr. Amenábar, Aún no se ha estrenado su película "Ágora" en España y ya levanta polémica. Supongo que eso le beneficiará desde el punto de vista comercial pues le da más publicidad. Supongo que con la cantidad de dinero que le ha costado el film (€ 50 millones) le habrá salido una auténtica obra de arte, al menos más le vale que así sea.
El motivo de mi carta es hacerle caer en la cuenta de una cosa que usted ya sabe pero que no le da importancia: su película va a despertar el odio contra los cristianos en nuestra sociedad de hoy. Usted ofrece una visión sesgada e interesada de las relaciones entre la ciencia y la Iglesia, entre la razón y la fe. Se lo han hecho ver por activa y por pasiva, y usted ha puesto una excusa un poco vaga y ha mirado para otro lado. Sin embargo, dese usted cuenta de la responsabilidad que tiene como artista y como comunicador de ideas y de sentimientos y, como bien sabrá, su última película lo que hace es canalizar cierto odio hacia los cristianos y hacia la Iglesia Católica. La prueba la tiene en los comentarios de las personas que ya han visto, en pase privado, su obra. Se lo recordaba ayer Pablo Motos en su programa El Hormiguero del canal Cuatro de TV: "Las personas que había a mi alrededor dijeron al acabar la película qué hijos de p... son los cristianos". Efectivamente; esa ha sido y esa será la reacción del público en general. Y usted lo sabe. ¿Es lo que buscaba? ¿Echar carros y carros de estiércol sobre una institución que hoy ayuda a millones de seres humanos a vivir y a disfrutar al máximo de la vida? Ya sé que ha respondido a esto en diversas ocasiones (si se lo han preguntado tanto por algo será), y siempre ha dicho que esta película no va contra los cristianos sino contra aquellos que hoy se ponen bombas y matan en nombre de Dios, es decir, contra los fanáticos religiosos. Pues bien, si quería hacer una película contra eso, ¿por qué no la ha hecho sobre eso precisamente? ¿Por qué no ha recreado la atmósfera de Egipto, Irak, Afganistán, Palestina,... de hoy? Déjeme acabar esta carta recordándole (o dándole a conocer) que, aparte de los pronunciamientos de Papas anteriores (la encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II, por ejemplo) y de grandes teólogos (como santo Tomás de Aquino) el PapaBenedicto XVI se ha pronunciado en gran cantidad de ocasiones en torno a la cuestión de la racionalidad de la fe, y siempre ha afirmado lo mismo: que el cristianismo es una religión netamente racional, anclada en la razón, en el Logos, que es el nombre, no por casualidad, dado a Jesús de Nazaret. Esto lo dijo en Ratisbona y, precisamente, los fanáticos actuales se le tiraron al cuello. ¿Para cuándo una película que refleje la defensa de la razón y de la ciencia por parte de la Iglesia? Revisado el: 11-12-2009 21:57
|
| Etiquetas : José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca, José Gil Llorca |
|
|
|
|
|
|
|
|
|